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La estrategia china que pone en jaque cualquier intento de bloqueo naval

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China lleva décadas reduciendo su dependencia de las rutas marítimas acumulando reservas, diversificando proveedores y electrificando el transporte para hacer frente a la amenaza de un posible bloqueo naval.
La estrategia china que pone en jaque cualquier intento de bloqueo naval

Durante varias décadas, los dirigentes chinos se han preocupado por reducir la dependencia del país de las importaciones marítimas de energía, ante el temor de que, en caso de un posible conflicto con Estados Unidos, potencias hostiles pudieran imponer un bloqueo naval.

Ahora, la crisis en el estrecho de Ormuz ha demostrado que esta estrategia ha dado resultados, al hacer que China sea menos vulnerable a las interrupciones del suministro marítimo de energía.

El 'dilema de Malaca'

En 2003, el entonces presidente chino, Hu Jintao, advirtió sobre el llamado 'dilema de Malaca', es decir, el temor de que cualquier potencia hostil que controlara ese estrecho pudiera poner en peligro el suministro energético de China. Hu temía un bloqueo físico que obligara a los petroleros chinos a dar media vuelta por la fuerza.

La sombra de Ormuz se cierne sobre la arteria comercial más importante del planeta

Para el gigante asiático, el bloqueo del estrecho de Malaca supondría un riesgo enorme, ya que alrededor del 80 % de sus importaciones pasan por las aguas de este estratégico corredor.

Desde entonces, como señala Financial Times, Pekín ha adoptado numerosas medidas para reducir su dependencia. Ha reforzado su Armada, elevando el coste que tendría para cualquier adversario intentar bloquear sus rutas marítimas. También ha diversificado sus fuentes de energía, al tiempo que ha ampliado el uso de vehículos eléctricos y acumulado enormes reservas estratégicas.

La lección de Ormuz

Aunque el petróleo de Oriente Medio desempeña un papel importante para China, sus suministros no son tan críticos ni tan difíciles de sustituir como para algunos de sus vecinos. Antes de la guerra, China importaba casi el 60 % de su petróleo desde Oriente Medio, una proporción considerablemente inferior a la de Japón, que superaba el 90 %, y a la de muchos otros países de la región.

En cuanto al gas, China obtenía por vía marítima alrededor del 54 % de sus importaciones, pero solo el 17 % procedía de Oriente Medio. La mayor parte del resto llegaba desde Rusia y Australia. 

Además, en los últimos años, Pekín ha acumulado reservas estratégicas de petróleo que superan los 500 millones de barriles y ha diversificado significativamente sus importaciones. Solo en los primeros meses del año, los suministros de Rusia permitieron aumentar las reservas en decenas de millones de barriles. Como señaló a RT el director del Instituto de Países Asiáticos y Africanos de la Universidad Estatal de Moscú, Alexéi Máslov, aunque la etapa inicial de la crisis fue un "choque absoluto", China, a diferencia de Japón, no recurrió a sus reservas estratégicas.

Otro factor clave es que casi la mitad de las importaciones de gas del gigante asiático le llegan por gasoductos desde Rusia y Asia Central, por lo que son prácticamente inmunes a un bloqueo marítimo.

Más producción y electrificación

Como indica FT, Pekín también ha tomado otras medidas para reducir sus vulnerabilidades energéticas.

China ha desplegado vehículos eléctricos y otros vehículos de nueva energía más rápidamente que cualquier otro país. Estos ya están desplazando alrededor de 1 millón de barriles diarios de consumo de gasolina y diésel.

A medida que el parque automovilístico siga electrificándose, esta cifra podría cuadruplicarse hasta superar los 4 millones de barriles diarios en 2035.

Además, para reducir la necesidad de importar energía, China ha impulsado la producción de gas en Sichuan, en el suroeste del país, así como en Xinjiang, Shaanxi y Mongolia Interior. Al mismo tiempo, continúa explorando nuevos yacimientos de petróleo en el mar de Bohai y reduciendo el consumo de productos petrolíferos.

La crisis de Ormuz ha puesto a prueba la estrategia energética de China y, por ahora, parece haber demostrado que Pekín ha conseguido reducir significativamente su vulnerabilidad frente a un posible bloqueo marítimo.

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